El ciudadano CEO

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Son tiempos de cambio para los directivos, en especial para aquellos que desde puestos de máxima responsabilidad representan a empresas y grandes corporaciones ante la sociedad. Así parece deducirse de los resultados del último informe de PriceWaterhouseCoopers sobre el comportamiento ético de los CEOs (CEO Success Study). De acuerdo con el estudio, llevado a cabo entre 2.500 grandes empresas cotizadas de todo el mundo, cada vez hay más altos directivos que tienen que abandonar sus puestos como consecuencia de actuaciones poco éticas; que son relegados de su cargo a causa de escándalos o conductas impropias. De hecho, entre 2012-2017 esos casos aumentaron casi un 36% respecto al período 2007-2011, pasando de suponer un 3,9% de los todos relevos, a un 5,3%. Estas cifras eran superiores en Estados Unidos y Europa, donde se pasó del 4,6% al 7,8%. Aunque en términos absolutos los datos no son muy llamativos, en términos relativos y de evolución en el tiempo las cifras dan que pensar. Y también hacen reflexionar las posibles causas de este fenómeno que se identifican en el informe.

Per-Ola Karlsson, DeAnne Aguirre y Kristin Rivera (“Are CEOs Less Ethical Than in the Past?”) sintetizan esas causas en las siguientes ideas: “Over the last 15 years, the environment and context in which companies operate has changed dramatically as a result of five trends. First, the public has become more suspicious, more critical, and less forgiving of corporate misbehavior. Second, governance and regulation in many countries has become both more proactive and more punitive. Third, more companies are pursuing growth in emerging markets where ethical risks are heightened, and relying on extended global supply chains that increase counterparty risks. Fourth, the rise of digital communications has exposed companies and the executives who oversee them to more risk than ever before. Finally, the 24/7 news cycle and the proliferation of media in the 21st century publicizes and amplifies negative information in real time”. En conclusión, el actual Zeitgeist favorece el escrutinio público y la censura de los comportamientos poco éticos de los directivos, cuyas faltas ya no pueden quedar encerradas en las cuatro paredes de sus corporaciones. Los CEOs cada vez están más expuestos al juicio de los ciudadanos, de los políticos, de sus propios pares, y por ello necesitan hacer un esfuerzo para ser percibidos no sólo como buenos directivos, sino también como buenos ciudadanos.

Esta idea de ‘ciudadanía’, de mayor compromiso con el entorno, se percibe también en el cierto cambio que se está produciendo en el ejercicio de la filantropía por parte de los super-ricos. En The Givers: Money, Power, and Philanthropy in a New Gilded Age, David Callahan explica cómo, a diferencia de lo que sucedía con los filántropos de principios del siglo XX (Rockefellers, Carnegies, etc.), los filántropos actuales (Gates, Koch, etc.) actúan de hecho como ‘super-ciudadanos’, promoviendo ciertas causas sociales e influyendo en las políticas públicas, formando una parte cada vez más importante de la ‘acción política’ orientada a resolver los problemas de la sociedad (sobre todo, aquellos a los que los Gobiernos llegan cada vez con mayor dificultad).  Lovia Gyarkye en “Have the Rich Become ‘Super Citizens’?” (The New Republic) comenta la obra de Callahan y señala: “More than 100 years later, the face of philanthropy in America has changed. Contemporary philanthropists don’t look like the tycoons of the Gilded Age. They are energized by datadriven solutions and seek social causes where they can have a high impact. They want change and they want it now. They do not just dole out grants to community organizations, they create political wings to their foundations, influence policy, and steer conversations on a national level”.

El compromiso ciudadano de los super-ricos y de los CEOs quizá también requiera un cierto cambio de actitud y modo de actuar personal, que se distancien de los estereotipos del hombre de éxito y del profesional con una confianza y autoestima desbordadas. Joann S. Lublin se refiere esta semana a la necesidad de ese cambio en “The Era of Overconfident CEOs Is Waning” (The Wall Street Journal): “Executives cannot succeed without self-confidence, but too much can be a career killer. Strong-headed senior managers who exaggerate their abilities and struggle to admit mistakes may find themselves on the outs in an era of flat organizations and greater transparency. (…) Companies have become so complex that they increasingly prefer executives who are open, inclusive and collaborative rather than overconfident,” said Stuart S. Crandell, senior vice president of Korn Ferry Institute, the research arm of recruiters Korn/Ferry International”.

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