Activismo inversor

IndexedFunds

La columna Schumpeter de The Economist dedica esta semana su atención al “activismo” de los grandes fondos de inversión que, como importantes accionistas, cada vez plantean más demandas y exigencias a quienes gobiernan las empresas en las que participan. En “A boss’s guide to fending off an activist attack” se puede leer: “Modern bosses are a resilient bunch who can handle everything from Twitter storms to takeovers. But one thing drives many of them berserk: activist hedge funds, which buy stakes in companies and lobby for change”. El artículo describe casos en los que fondos como Elliott Management o Third Point, entre muchos otros, han presionado para adoptar cambios estratégicos en grandes compañías. Teniendo o no una presencia activa en los Consejos de Administración, el indudable poder de estos inversores se hace notar cada vez más, y por eso el artículo propone que las empresas tengan una política clara de relación con ellos: “Instead of getting angry, CEOs need to get even. Schumpeter has put together a battle drill on how to cope with activists. It has four elements: know the enemy; prepare for them to attack; smother them with sincerity; and make concessions if you have to”.

Pero la discusión sobre el activismo inversor cada vez es más relevante en torno a otro tipo de fondos, tradicionalmente “pasivos”, los gigantes fondos indexados. Estos fondos son aquellos cuya política de inversión es la de seguir un índice bursátil o un índice de renta fija intentando desviarse lo mínimo posible del índice. Por ejemplo, los fondos cuya política de inversión es seguir al índice S&P500, compran todas las acciones que pertenezcan a este índice y las venden cuando salen del mismo. Poco a poco, en los últimos años, estos fondos –los dos más importantes son Vanguard y BlackRock-, que ofrecen grandes ventajas a los inversores (sobre todo unas comisiones muy bajas, ya que sus decisiones de inversión están muy automatizadas y requieren poca gestión), se han convertido en los accionistas principales de las grandes empresas en todo el mundo. Como se comenta en “These three firms own corporate America”, “the rise of index funds has entailed a massive concentration of corporate ownership. Together, BlackRock, Vanguard and State Street have nearly US$11 trillion in assets under management. That’s more than all sovereign wealth funds combined and over three times the global hedge fund industry. (…) The Big Three, taken together, have become the largest shareholder in 40% of all publicly listed firms in the United States. (…) In the S&P 500 -the benchmark index of America’s largest corporations- the situation is even more extreme. Together, the Big Three are the largest single shareholder in almost 90% of S&P 500 firms, including Apple, Microsoft, ExxonMobil, General Electric and Coca-Cola”.

La situación en Estados Unidos se replica prácticamente en todo el mundo. Esta semana, en nuestro país, con motivo de distintas presentaciones del libro Ibex 35. Una historia herética del poder en España (Rubén Juste), la obra de cabecera de Podemos para impulsar su cruzada contra “La Trama”, esos fondos de inversión han sido tema de debate. Tomando como base una referencia de Pablo Iglesias, líder de Podemos, al fondo BlackRock como “el gigante silencioso” –advirtiendo de su enorme poder oculto-,  Cinco Días y El País publicaban un artículo titulado “Tres razones por las que BlackRock no es el poder silencioso que dice Podemos”. Su autor, Miguel Moreno Mendieta, reconocía que BlackRock es el principal inversor en la Bolsa española (17.000 millones) y que junto a Vanguard, por ejemplo, son los principales accionistas (casi con un 10% entre los dos en cada caso) de nuestros dos grandes bancos, BBVA y Santander. Pero al mismo tiempo escribía: “La gestora, aun teniendo una potencia de fuego incomparable, no ejerce el poder que se le supone. Por tres motivos: porque no invierte por cuenta propia; porque no invierte a través de un único fondo, sino a través de decenas de vehículos, cada uno con una política independiente; y porque entre sus fondos predomina la gestión pasiva, que no interfiere apenas en las empresas en las que invierte”. Ciertamente, la “pasividad”, y el predominio de una estrategia de inversión basada en los algoritmos (como se recuerda en un artículo reciente de la La Repubblica: “Il gestore sarà l’algoritmo’: BlackRock apre il fronte della guerra del risparmio”) parecen alejar el temor del ejercicio de un gobierno activo, y quizá no deseado, de las empresas por parte de estos fondos.

Sin embargo, esa “pasividad” siempre es parcial. O por decirlo de otro modo, la pasividad aparente de los fondos indexados puede ser también una forma de activismo. Por un lado, como señala Luis M. Viceira, profesor de la Harvard Business School en “Vanguard, Trian And The Problem With ‘Passive’ Index Funds” (Forbes), “Index funds by definition don’t look at what is happening in the corporations they own. (…) But when [index funds] become the largest shareholders, they need to take a stand. And for the first time, this appears to be happening. Large index funds such as BlackRock and Vanguard have become aware that staying out of corporate governance is not in the best interest of their investors. (…) For example, Vanguard has participated in proxy votes at shareholder meetings. While it has mostly voted in accordance with recommendations by management, in some key areas it has parted ways. It has supported shareholder resolutions concerning governance and compensation issues 75 percent and 92 percent of the time, respectively”. Por otro lado, cada vez es más habitual que los responsables de esos gigantescos fondos –más allá de la gestión automatizada e indexada de sus inversiones- sostengan ciertos principios y valores de actuación de fondo que afecten a las compañías en las que invierten. Como se comenta en el mismo artículo de Forbes, “in 2015, CEO Bill McNabb signaled his recognition of the increased role Vanguard has to play in a letter to some 500 publicly traded companies, spelling out corporate governance principles that it would advocate. BlackRock CEO Larry Fink followed in 2016 with a letter to chief executives of large US and European companies urging them to focus on long-term value creation, and for boards to actively engage with management in long-term strategic planning”. Recientemente, también Larry Flink, fundador de BlackRock, ha defendido el compromiso de su fondo con las políticas de cuidado del medio ambiente, o con la diversidad en la configuración de los Consejos de Administración de las compañías (“Exclusive: BlackRock vows new pressure on climate, board diversity”)

No se puede dudar del creciente protagonismo y poder de los fondos de inversión –y en especial de los fondos indexados- en la vida económica y empresarial de la mayoría de los países desarrollados. La naturaleza de su activismo, en favor de ciertas causas, actitudes y comportamientos, relacionados con la vida de las empresas, está todavía por ver. Pero ya sea con una gestión más basada en los juicios humanos (la de los fondos tradicionales) o una más informatizada y pasiva (la de los fondos indexados), su impacto en la sociedad puede ser muy grande. Es bueno que no olviden, en ninguno de los casos, que un gran poder conlleva siempre una gran responsabilidad.

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