Harvard Business School, el caso

HBSCaso

En las últimas semanas se ha comentado mucho el libro The Golden Passport, trabajo en el que el veterano periodista económico Duff McDonald se adentra, con una mirada crítica, en la cultura y en la identidad institucional de la Harvard Business School (HBS). Tomando a la escuela de negocios de Harvard como símbolo de las business schools en general, McDonald concluye que están tan ensimismadas en su éxito y en sus modos de hacer que han dejado de plantearse las preguntas básicas sobre el rol de la empresa y los negocios en la sociedad actual: “The Harvard Business School became (and remains) so intoxicated with its own importance that it blithely assumed away one of the most important questions it could ask, which was whether the capitalist system it was uniquely positioned to help improve was designed properly for the long term. (…) With economic inequality at a hundred-year high and meaningful progress on climate change and other social and environmental issues embarrassingly paltry, the answer to that question it obvious. It is not”. Como comenta Andrew Ross Sorkin en el New York Times, el libro plantea suficientes cuestiones relevantes como para que la Harvard Business School elabore un caso sobre sí misma, en torno a estos temas.

No se sabe si la Escuela seguirá este consejo, pero sí que el libro de McDonald ha provocado una intensa discusión interna en la institución universitaria. De hecho, The Economist (“From great to good”) publica esta semana el contenido de un memorándum confidencial que no tiene desperdicio, y que ha circulado entre los profesores veteranos de la HBS, a raíz de la publicación de The Golden Passport. El documento reconoce que, aunque poco ponderado, el análisis de McDonald puede galvanizar la hostilidad hacia la Escuela, dentro y fuera de la Universidad de Harvard. Ante esa realidad, el texto del memorándum analiza algunos de los logros y de los retos estratégicos de la institución, y hace autocrítica frente a algunos de los problemas resaltados en The Golden Passport.

Respecto al modelo de negocio de la Escuela, de su descripción en el documento llaman la atención algunas cosas. En primer lugar, que sólo el 17% (127 millones de dólares) de los ingresos de la escuela provienen de las matrículas y gastos de los alumnos ordinarios (el alumno paga 71.000 dólares anuales por la formación, pero sobre todo por “buying social standing as well as access to an alumni network that will dramatically raise their odds of getting high-paying salaries”).  El resto de los ingresos se reparten del siguiente modo: 23% (programas de formación para ejecutivos), 29% (publicaciones, casos, la revista de la Escuela), y 31% (donaciones de hombres de negocios de éxito), en este último caso –reconoce el memorándum- “some of them may well under the impression that they gain influence over what we teach”.

Por lo que se refiere a los retos (problemas) estratégicos, el documento –sin dejar de recordar que la economía de la Escuela es más que sólida: 8% de incremento anual de los ingresos en la última década, un endowment de 3.200 millones de dólares, y activos por valor de otros 1.600 millones- señala tres fundamentales. El primero es bastante convencional: mantener ante una competencia cada vez más intensa “the intelectual leadership”, reteniendo el talento académico por el que Harvard siempre ha despuntado. Los dos retos siguientes tienen más que ver con algunas de las críticas expuestas en el libro de McDonald, pero que son reflejo de la delicada situación de las Escuelas de Negocios, en general, en el actual momento histórico, político y social. Por un lado, se hace referencia a los crecientes conflictos de interés que afectan a la propia formación: “conflicts of interest -let’s be honest here- that have become glaring. We grant companies a veto over case studies written about them. We permit our faculty to be paid, for example, through consulting gigs, by firms they teach about. We do case studies on some of our big donors. It is likely that this compromises our objectivity”. Por otro lado, el documento señala como tercer problema la cuestión de la desigualdad, que el propio modelo de negocio de la Escuela ha agudizado en los últimos años: “We may perpetuate inequality, a relevant subject at the moment. We have worked to make our intake of students more diverse. But even after the financial aid that we give to some, we have ramped up our effective MBA fees by 31% over the past five years. Relative to the median salary our graduates earn in their first year at work, our fees are twice as costly as they were in 1986. It doesn’t take much to see our network as a form of cronyism”.

La conclusión del análisis es evidente: o se afrontan esos problemas, o la Escuela puede tener problemas, dice el memorándum. “Left unaddressed these weaknesses could compromise our business model. If HBS is more about cash and contacts than ideas, bright people may eventually go elsewhere. Other schools may stop buying our case studies if they doubt their objectivity. We are part of Harvard University, but our already uneasy relationship with it could deteriorate”.

Andrew Hill en el Financial Times también dedica su columna semanal al debate sobre la HBS, y más genéricamente, a la posibilidad de que surjan culturas de formación empresarial y directiva no necesariamente “Harvard-centric” (centradas en el método del caso, en el directivo individual, en la grandes corporaciones, etc.). Hill concluye: “HBS itself is not going away. Its leaders and backers will continue, in McDonald’s words, to ‘eartnestly present themselves as the solution to problems they have helped cause’. They and other schools should, however, consider whether to readjust their grandiose world-changing ambitions. For the rest of the 21st century, I suggest a more mundane target: train people to do the right thing in business, and to do it well”.

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One thought on “Harvard Business School, el caso

  1. danieljimenezmontero 9 mayo, 2017 / 3:18 pm

    Andrew Hill invita a reflexionar sobre otras culturas de formación empresarial. Esta podría ser una interesante oportunidad para el Instituto Empresa y Huimanismo. ¿Qué les parece?

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