El valor del instante efímero

Una noticia empresarial ha captado la atención de todo el mundo, casi como un vendaval, durante los últimos días: la impresionante salida a Bolsa de Snap Inc., la compañía de Los Ángeles que en septiembre de 2011 lanzó la popular aplicación de envío de fotos y vídeos efímeros Snapchat. El día previo a la salida se especulaba si la empresa podría alcanzar la valoración prevista de 24.000 millones de dólares (“Snapchat Goes the Market”), pero las dudas acabaron el jueves 2 de marzo, cuando el precio de la acción pasó de 17 dólares a 24 en su primera jornada de cotización. Para el final de semana, la empresa, que en 2016 ingresó poco más de 400 millones de dólares (básicamente por ingresos publicitarios) y tuvo unas pérdidas de más de 500 millones, tenía un valor por capitalización bursátil de más de 30.000 millones de dólares. Poco a poco se empezaba a conocer historias increíbles de enriquecimientos instantáneos, como el del inversor australiano que hacía cinco años había tomado parte en la empresa con 640.000 dólares y de repente pasaba a tener un patrimonio de 2.000 millones, o la historia de un instituto de educación superior en California, el Saint Francis, que había convertido una pequeña inversión de 15.000 dólares en un beneficio de 24 millones. Todo había sido tan instantáneo –habrá que ver si tan efímero o no- como la idea de negocio que está detrás de la compañía (fundada, como no podía ser de otro modo, por dos universitarios de Stanford, en la mejor tradición de las “ideas de garaje o de campus” que van desde Steve Jobs hasta Mark Zuckerberg).

El servicio de mensajes visuales de Snapchat –que poco a poco se ha ido sofisticando- explota la atracción de compartir con los demás ciertos instantes efímeros, de hacer llegar a amigos, colegas, etc. momentos de la vida cotidiana (en forma de fotografías que se editan con facilidad, o como minivídeos de 10 segundos) que desaparecen en el dispositivo de recepción del destinatario con gran rapidez (se puede programar una duración que va de 1 a 10 segundos). El instante efímero, al que últimamente Snapchat le ha dado algo más de vida –la función “Historias” puede unir instantes en una pequeña historia de un horizonte temporal de 24 horas-, no deja rastro, una vez que ha cumplido su función de ser visualizado por alguien. La compañía asegura que ya hay más de 158 millones de usuarios que comparten miles de millones de momentos efímeros, del mismo modo –casi compulsivo- que los empezaron a compartir hacía cinco años, en un instituto, el grupo de amigas de una prima de Evan Spiegel, uno los fundadores de Snap Inc. Por supuesto, el atractivo del servicio era enviarse imágenes y vídeos sin que nada quedase registrado para la posteridad –el gran miedo que existe en el resto de redes sociales, sistemas informatizados de intercambios de mensajes, etc.-, algo especialmente valorado por los inquietos y atrevidos adolescentes. Además, Snapchat es una aplicación sencilla y bien conocida por todos: no es otra cosa que una cámara de fotos y vídeos peculiar.

Parece que esta instantaneidad efímera, tan atractiva entre la juventud –que aún sigue siendo el público central de Snapchat-, tiene visos de calar intensamente en la sociedad (o eso parece deducirse del valor que dan los inversores al potencial futuro de esta compañía, a no ser que ellos, también, estén tan sólo jugando a esos momentos de enriquecimiento instantáneo y efímero que tanto gustan en las Bolsas…, véase, en el Financial Times “Snap IPO is the foolish leading the blind”). De hecho, la propuesta de negocio de la compañía de Los Ángeles –tal y como se describe en el interesante formulario S1 de su salida a Bolsa- es sencilla, comprensible por todos y está abierta a múltiples desarrollos de productos y servicios futuros, en torno a la captación y distribución de imagen: “Snap Inc. is a camera company. We believe that reinventing the camera represents our greatest opportunity to improve the way people live and communicate. Our products empower people to express themselves, live in the moment, learn about the world, and have fun together”.

El negocio de Snapchat se basa en la rentabilización publicitaria de su capacidad para agregar y estructurar ese caótico universo de instantes efímeros que millones de personas registra en su vida cotidiana de forma casi compulsiva (véase, “How Snapchat Makes Money”). En este sentido, Snapchat es uno de los muchos “mercaderes de la atención” que existen en la actualidad, de esos negocios que comercian con la atención ajena y con su capacidad para difundirla y compartirla con otros, aunque sólo sea en millones de instantes infinitesimales, de una forma casi adictiva. Como comenta Tim Wu, profesor de la Facultad de Derecho de Columbia, en la recensión de un libro reciente sobre este tema (“The Rise of Addictive Technology and the Business of Keeping Us Hooked”, de Adam Alter), “companies are moving away from the creation of rewarding technologies for human enhancement, such as the calculator or the bicycle, and toward technologies meant to lure people to devote large amounts of time and attention to them — think Facebook or BuzzFeed. Something like a bicycle or a calculator didn’t need to be addictive to be valuable. But for a product like Facebook, success and user addiction are the same thing”.

Es paradójico que la adictiva atención instantánea y efímera que nos demandan aplicaciones como Snapchat tiene en realidad los rasgos de una “desatención” momentánea, más que de una concentración selectiva y continuada en un tema, propias del “prestar atención”. De hecho, el éxito o el fracaso de negocios como éste van a depender cada vez más de la capacidad de las personas de retomar el control de su atención y su concentración, una tarea ineludible en el momento histórico que estamos viviendo. El propio Tim Wu publicó a finales de 2016 “The Attention Merchants: The Epic Scramble to Get Inside Our Heads”, una obra en la que se reflexiona sobre este tema. En la crítica del libro que escribe Jeniffer Senior en el New York Times se puede leer: “Mr. Wu concludes his book with a cri de coeur, imploring us to regain custody of our attention. It is written so rousingly that it just may make you reconsider your priorities. He brings up the work of the psychologist and philosopher William James, who ‘held that our life experience would ultimately amount to whatever we had paid attention to.’ He also quotes James’s quasi-palindromic complement, the ethicist James Williams: ‘Your time is scarce, and your technologies know it.’ We are what we choose to focus on, the sum of our concentrations. What will we choose? This is an age of glorious individualism. Yet never, it seems, have we belonged less to ourselves”.

La atención como instante frente a la atención como duración es una dialéctica a la que sin duda vamos a estar cada vez más expuestos, y de su resolución depende en gran medida que el futuro de negocios como Snapchat sea más o menos efímero. Por ahora, parece que el negocio de los “momentos de atención” breves y efímeros seguirá dando bastante de sí, aunque a veces no siempre en la dirección deseada. Y si no, que se lo pregunten a Brian Cullinan, el socio de PriceWaterhouseCoopers que parece que se “despistó” en su entrega del sobre con el Oscar a la mejor película, al poco de dedicar un breve “momento de atención” a tuitear una foto de la ganadora del Oscar a la mejor actriz, Emma Stone (véase, “PwC Partner at Oscars Tweeted Backstage Minutes Before Best Picture Mix-Up”). En este caso, de haber utlizado Snapchat quizá nadie hubiera visto ese ya famoso pantallazo de felicidad de Emma Stone en la Red, que ha dado la vuelta al mundo, y que le ha costado a Cullinan un bochorno planetario y su vuelta a la Gala de los Oscars.

Anuncios

One thought on “El valor del instante efímero

  1. danieljimenezmontero 5 marzo, 2017 / 4:40 pm

    El contenido de este artículo me hace pensar en el ‘populismo poítico’ de la siguiente manera. Así como el populismo político está basada en el inmediato o corto plazo, así el sector empresarial aludido en el artículo también está concentrado en el inmediato o corto plazo. Esto podría ser peligroso para nuestra sociedad por cuanto es necesario un sólido y robusto largo y mediano plazo para vivir el ‘carpe diem’. De otro modo podríamos estar corriendo el riesgo de ‘comernos’ el largo y mediano plazo en actividades placenteras de inmediato o corto plazo carentes de sentido antropológico.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s