La matriz Gift & Grit

“Valorad lo que tenéis. La muerte no es triste, lo triste es no saber vivir”. Esta frase, que ha dado la vuelta al mundo, la pronunció hace algún tiempo Pablo Ráez, el joven malagueño que falleció el pasado sábado, tras una lucha sin cuartel contra la leucemia, y después de haber liderado una campaña en favor de la donación de médula que ha movido a la acción a miles y miles de españoles. Las noticias sobre Pablo, el relato de su lucha contra la enfermedad, y todos los comentarios sobre su deseo de no abandonar este mundo sin dejar una enorme huella de ayuda en quienes estaban en similar situación a la suya, resaltaban su gran fortaleza, pasión, coraje y determinación. El azar, el destino, la providencia (que cada uno elija lo que crea) le había anunciado un final rápido, pero en lugar de dejarse llevar, vivió intensamente hasta el último minuto.

Al poco de leer varios relatos sobre la historia de Pablo,  llegó a mis manos la última columna de Lucy Kellaway en el Financial Times (“Why ‘lean in’ if laziness can be just as effective?”). En esta ocasión, Kellaway reflexionada sobre cómo una “vagancia inteligente” puede hacer que los directivos muy ocupados, hiperestresados y adictos al trabajo, mejoren su eficiencia, al tomarse un tiempo para disfrutar de la vida y focalizar mejor su tiempo en los temas laborales realmente importantes.  La periodista del Financial Times recordaba, con cierta ironía, que esta “vagancia inteligente” ya había sido identificada como un factor clave del desempeño en una de las primeras “matrices” del management que se conocen, la desarrollada hace un siglo por Kurt von Hammerstein-Equord, jefe de la Armada Alemana, para gobernar a sus oficiales: “He assessed his officers on two scales: clever vs dim and lazy vs energetic, and came up with the following four permutations.  1) Dim and lazy (Good at executing orders); 2) Dim and energetic (Very dangerous, as they take the wrong decisions); 3) Clever and energetic (Excellent staff officers); 4) Clever and lazy (Top field commanders as they get results)”. Kellaway comenta cómo esta matriz, en el competitivo y un tanto hipócrita mundo en el que vivimos, se ha convertido en otra también muy popular, la matriz “skill-will”: “Alas, instead of deploying something so bracingly honest, management theorists have taken von Hammerstein-Equord’s idea and ruined it by turning it into the wishy-washy modern “skill-will” matrix. According to this, the person who is clever and lazy (or “high skill/low will”) is not deemed to have won the lottery. They are deemed to be in need of coaching”.

La historia de Pablo Ráez y los comentarios de Lucy Kellaway sobre el binomio esfuerzo y pereza hacen reflexionar sobre una experiencia docente demasiado habitual en la Universidad: la de buen número de alumnos que por mil motivos –a menudo nimios- desaprovechan oportunidades de participar en actividades formativas “que no sirven para la nota”, que “están fuera del programa” o que suponen “un esfuerzo extra”. Seguro que algo muy parecido sucede en muchos otros ámbitos de la vida, sobre todo, de la vida profesional.  Ante tales experiencias, cabe preguntarse: ¿la ”vagancia inteligente” de los que supuestamente lo tienen todo (los ocupados y exitosos directivos), o la energía y determinación plenas de quien supuestamente tiene poco que ganar (el enfermo terminal de leucemia)? ¿Hacia dónde hay que orientar el estudio y el trabajo? Para responder a esta pregunta merece la pena reflexionar, siquiera un momento, sobre la matriz Gift & Grit (o dicho de otro modo, sobre la relación entre lo que nos viene dado, como un don o regalo, y lo que somos capaces de lograr a partir de ello, con nuestro esfuerzo y determinación).

Hace algún tiempo, en 2012, Michael Lewis, famoso periodista y escritor, pronunció  el discurso anual de graduación a los alumnos de la Universidad de Princeton (véase el vídeo del discurso, aquí). Tras relatar su azarosa vida académica y profesional, Lewis explicaba a los alumnos que nunca debían olvidar que formaban parte de los “very few”, de los privilegiados que, sin mérito alguno -sino más bien por el azar o por la providencia-, habían nacido y crecido en el país más rico y desarrollado del mundo -con universidades como Princeton-, que seguramente habían crecido en un entorno de familias acomodadas, y habían sido agraciados con capacidades intelectuales por encima de la media. En definitiva, por contraste con otros millones de jóvenes en todo el mundo –sobre todo en zonas desfavorecidas-, eran depositarios de innumerables Gifts, sin haber hecho casi nada especial para merecerlos. Según Lewis, nunca debían olvidarlo; más bien al contrario, su obligación era aprovechar al máximo esos dones y regalos, para devolver a la sociedad, con agradecimiento, todo lo que habían recibido, y dejar una huella intensa y positiva en el mundo.

La psicóloga Angel Duckworth, en su obra “Grit: The Power of Passion and Perseverance”, describe con maestría la importancia de lo que Lewis pedía a los alumnos de Princeton para su desarrollo personal y profesional. Según Duckworth,  para triunfar, para dejar una huella positiva en la sociedad, para lograr sus sueños, no vale que uno esté colmado de Gifts (de inteligencia, de talento, de un entorno favorable, etc.) sino que lo importante es que ponga a trabajar lo que ha recibido con esfuerzo, pasión, perseverancia, sacrificio, tenacidad, energía y coraje (Grit). Ese compromiso y firme determinación de dar lo mejor de sí, a partir de lo recibido, está en las antípodas de muchos de los comportamientos que vemos a menudo en gente joven de nuestro entorno, esos que forman parte de los “very few”, que viven anestesiados por la desidia, ensimismados con su suerte, exigiendo con soberbia derechos y obligaciones, o tan sólo la satisfacción de caprichos, y frustrándose ante contratiempos por los que muchos otros sólo darían gracias a Dios.

Retocando brevemente las matrices de las que habla Lucy Kellaway, cabe reflexionar sobre la Matriz Gift&Grit, que sintetizaría cuatro posiciones fundamentales: 1) High Gift and High Grit (Líderes, los que triunfan en sus propósitos, los que dejan huella); 2) Low Gift and High Grit (Luchadores, los que no se resignan, los resilientes, los que también dejan huellas imborrables, como la de Pablo Ráez); 3) Low Gift and Low Grift (Perdedores, resignados, marginados, que necesitan especialmente la ayuda de los demás); 4) High Gift and Low Grit (Ingratos, los que teniendo todo a su favor, sucumben a la soberbia y a la desidia). De las cuatro posiciones en la matriz, esta última es la única que no tiene una justificación razonable, y que por desgracia es demasiado común en las sociedades más desarrolladas. Quizá algunos de los oficiales de más alto rango de Kurt von Hammerstein-Equord, o algunos de los altos directivos a los que se refiere Kellaway, rozan ese cuadrante; pero de lo que no hay duda, es de que el verdadero ejemplo para todos es el de quienes están en el segundo, los luchadores como Pablo Ráez.

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