La sociedad helicóptero

Las metáforas “helicopter money”, “helicopter parents” u otras similares –se podría hablar también, como veremos, de “helicopter health”- son cada vez más habituales en el vocabulario de trabajos que analizan fenómenos de la actualidad. Todas ellas tienen algo en común: la acción de una autoridad (helicóptero) que supervisa, controla y orienta desde la distancia las acciones de personas o instituciones que pueden tener problemas si se les deja actuar en libertad.

Milton Friedman introdujo la metáfora del “helicopter money” para hacer referencia a las políticas monetarias expansivas basadas en la creación de dinero por parte de las autoridades monetarias, con el fin de animar la actividad económica. Desde entonces, y especialmente en esta crisis, esa expresión se ha utilizado para referirse a los programas de expansión cuantitativa (quantitative easing, QE) puestos en marcha por los Bancos Centrales para incrementar la oferta monetaria, abaratando el crédito, con el fin de animar el crecimiento de la actividad económica. Esta semana ha sido noticia, por ejemplo, el anuncio del Banco Central Europeo (BCE) de seguir con su programa de compra de deuda y de mantener los tipos de interés bajos, al menos hasta finales de 2017. Como comenta Simon Nixon en el Wall Street Journal, muchos piensan que es una forma de seguir aplazando –al margen de las reglas del mercado- las difíciles decisiones que gobiernos y otros sectores económicos (entre ellos el sector financiero) deberían tomar ante sus insostenibles endeudamientos (“Many policy makers and politicians fear that QE is shielding governments from market pressures, allowing them to duck tough decisions needed to put individual government finances and the euro area as a whole on a stable footing”). De este modo, para evitar males mayores, el Banco Central actúa paternalmente, al menos hasta que sea inevitable dejar de hacerlo.

Aunque obviamente en otro sentido y con muy distintas consecuencias, ese paternalismo excesivo no es muy distinto al de los “padres helicóptero”, esos padres que están encima de sus hijos –controlando, supervisando, siendo partícipes…- en todas y cada una de sus decisiones vitales (desde las más cotidianas de levantarse por la mañana, hasta las más trascendentales de sus estudios y su desarrollo profesional). La metáfora apareció a principios de 1969 en el libro “Between Parent & Tennager” escrito por Haim Ginott, en el que se menciona a una adolescente que se queja diciendo: “Mi mamá está sobre mí como un helicóptero…”. Hoy en día es una expresión casi coloquial, que a menudo salta a la actualidad en momentos en los que se analiza el desempeño de nuestros jóvenes -como ha sucedido esta semana con la publicación de los datos del informe PISA-, o ante comportamientos de la juventud que llaman la atención. Emma Jacbos comenta esta semana en “Over 22? Forget blaming others: success or failure is down to you” (Financial Times) el caso de un alumno de Oxford que 16 años después de acabar su carrera ha demandado a la Universidad –pide una indemnización de 1 millón de libras- por no haber obtenido una nota final superior, que le hubiera permitido tener una carrera profesional más exitosa (Véase el caso, “Graduate sues Oxford University for £1m over his failure to get a first”). Más allá de la anécdota, el ejemplo muestra cómo en una sociedad como la nuestra siempre se busca algún “helicóptero” –padres, colegios, universidades…- que pueda ser identificado como causante y responsable de los problemas o fracasos personales. Como concluye al periodista del Financial Times al reflexionar sobre el caso del estudiante de Oxford: “I increasingly wonder, with the benefit of age: does any of it really matter? I have no idea, and no particular interest in, what class of degree my colleagues have. After a certain age -say, 22- you stop asking. Failing to secure a first may prevent you getting a prestigious first job but after that it is down to you. It is never a good sign when people are fixated on their student past. If your school or university days were the best in your life, things have gone very wrong indeed. As JK Rowling, the Harry Potter author, said in her commencement speech at Harvard University in 2008: ‘There is an expiry date on blaming your parents for steering you in the wrong direction’. The same should be said of university”.

También en otros ámbitos, como el de la salud, cada vez hay más “helicópteros de la salud” – en este caso institucionales: organizaciones internacionales, gobiernos, e incluso empresas- que tratan de evitar que los ciudadanos tengan hábitos poco saludables (fumar, beber, consumir grasas y azúcares, comer carne roja, no hacer ejercicio, etc., etc.). Sin duda, la última misión de estos “helicópteros” es la que se podría denominar como la batalla de la “sugar free society”. En nuestro país, el Gobierno acaba de aprobar el que se podría denominar como “impuesto de la Coca Cola”, que grava el consumo de bebidas azucaradas, y que ya ha sido establecido también en otros países como Francia o Gran Bretaña. La idea –más allá del interés recaudatorio- es que cada vez se consuman menos azúcares poco saludables. También las empresas quieren contribuir en esta cruzada, y Nestle acaba de anunciar que ha desarrollado un proceso para fabricar chocolate con un 40% menos de azúcar. Por supuesto, siempre existen otros modos de afrontar temas como estos, aunque sean políticamente incorrectos. En Australia, donde se debate la introducción de una tasa similar a la española, Barnaby Joyce, viceprimer ministro, del Partido Nacional, ha comentado: “We believe in being healthy but we don’t believe you have a health policy that is led by a tax on sugar because, if you want to deal with being overweight – well, here is a rough suggestion – stop eating so much and do a bit of exercise (…). There is two bits of handy advice and you can get that for free.”

No cabe duda que la metáfora del helicóptero refleja que en las sociedades actuales cada vez se desarrollan mejores mecanismos de supervisión y control del bienestar, más instrumentos que ayudan a las personas a abordar problemas presentes y futuros, sin tener que afrontarlos en soledad. Sin embargo, cuando la cultura del “helicóptero” se generaliza, y la seguridad como bien colectivo se convierte en un valor supremo, lo hace a costa de la libertad y la responsabilidad personales. Aunque a corto plazo el sacrificio pueda parecer que merece la pena, a medio y largo plazo sus consecuencias no son ni mucho menos deseables.

One thought on “La sociedad helicóptero

  1. danieljimenezmontero 12 diciembre, 2016 / 7:12 pm

    La naturaleza humana es imperfecta y limitada. Ello nos pone a pensar en la corrección fraterna como un instrumento de gran contenido humano para el perfeccionamiento. Bien lo indica Fernández Carvajal en sus libros “Hablar con Dios”: nadie debe ser el consejero de sí mismo debido a los efectos de las bajas en nosotros mismos. Entonces, hemos de enriquecer la figura de un buen consejero, guía o líder. El fenómeno del helicóptero es una muestra del exceso de la citada figura. Teniendo claro esta situación, ahora conviene reflexionar sobre opciones ‘sanas’ para la correcta y oportuna dirección de las personas. Tenemos varios ejemplos de tales opciones, a saber: la relación paterno-flilar, maestro-discípulo y director-colaborador, entre otras. ¿Qué tal si las retomamos con miras a solventar los helicópteros que tanto vuelan sobre nuestras cabezas y, cuyas ráfagas de viento obstaculizan nuestra visión?

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