Enredados con la innovación

Se ha publicado recientemente el nuevo libro de Clayton Christensen, profesor de la Universidad de Harvard mundialmente conocido por su teoría de la innovación disruptiva y por ser uno de los pensadores más influyentes en el mundo del management en las dos últimas décadas. Si en The Innovator’s Dilemma Christensen explicaba cómo nuevas empresas y proyectos innovadores eran capaces de generar verdaderas disrupciones en mercados maduros y ante empresas líderes, en su nueva obra, Competing Against Luck: The Story of Innovation and Customer Choice, el profesor de Harvard analiza cómo el impulso innovador se puede mantener centrándose en una mejor comprensión del comportamiento de los clientes. Estos –según Christensen- “contratan” productos y servicios para que “les hagan ciertos trabajos”, y entender esas situaciones en las que los productos “trabajan” para los clientes es la clave para seguir innovando y ajustando la oferta de las marcas. Tras años de investigación, los autores del libro (Christensen, Hall, Dillon, y Duncan) concluyen que “our long held maxim -that understanding the customer is the crux of innovation- is wrong. Customers don’t buy products or services; they “hire” them to do a job. Understanding customers does not drive innovation success. Understanding customer jobs does. The “Jobs to Be Done” approach can be seen in some of the world’s most respected companies and fast-growing startups, including Amazon, Intuit, Uber, Airbnb, and Chobani yogurt, to name just a few”.

Como señala Andrew Hill en el Financial Times, la propuesta de Competing Against Luck contrasta con la The Innovator’s Dilemma, ya que en lugar de centrarse en las innovaciones disruptivas, que explicaban por qué fracasaban grandes negocios muy consolidados (en una serie de “hit-and-miss bets on innovation”), el nuevo libro se centra en cómo pueden triunfar esas mismas empresas, interpretando bien “los trabajos” que pueden hacer sus productos para sus clientes. Este cambio de enfoque, comenta Hill en “Clayton Christensen moves on from the dissing of disruption”, tiene mucho que ver con las recientes críticas que la teoría de la innovación disruptiva ha generado. Más en concreto, los retoques a la teoría que se presentan en la nueva obra parecen estar orientados, en parte, a responder a la ya famosa crítica a la idea de disrupción publicada en The New Yorker en 2014 por Jill Lepore, profesora de historia también en Harvard. En “The Disruption Machine. What the gospel of innovation gets wrong”, Lepore ponía en duda el rigor de la historia construida en torno a varios de los casos utilizados por Christensen en su libro, y echaba en falta que en The Innovator’s Dilemma no se trataran los casos de empresas que habían respondido bien a la disrupción, ni los de muchos “disruptores” que habían fracasado en su empeño innovador. La conclusión de Lepore era nítida: “Disruptive innovation is a theory about why businesses fail. It’s not more than that. It doesn’t explain change. It’s not a law of nature. It’s an artifact of history, an idea, forged in time; it’s the manufacture of a moment of upsetting and edgy uncertainty. Transfixed by change, it’s blind to continuity. It makes a very poor prophet”.

Los debates en torno a la innovación van mucho más allá de esta casi anecdótica, aunque significativa -por el gran éxito que ha tenido en el mundo de los negocios- disputa en torno a la famosa “innovación disruptiva”. También en el Financial Times, esta semana Peggy Hollinger comenta en la sección de libros la obra de Frederik Erixon y Björn Weigel “The Innovation Illusion. How So Little Is Created by So Many Working So Hard”. Lo que estos autores plantean en su libro es una duda más que razonable en torno a la idea de que vivamos en la “era de la innovación”. Más bien al contrario –señalan-, el sistema capitalista actual establece cada vez más frenos al riesgo y la innovación, favoreciendo políticas corporativas conservadoras que buscan sobre todo favorecer la rentabilidad del capital: “The blame, they argue, lies in a system of capitalism which, far from fostering Joseph Schumpeter’s creative destruction, has become a counter-revolutionary force: middle-aged, fearful of risk and cut off from the entrepreneurial spirit that once drove truly disruptive change. Our ability to adopt and spread the use of innovative products and services has been paralysed by this hidebound system. Capitalism has fallen victim to rentiers”.

Dar con las claves adecuadas para entender y promover los procesos de innovación, de los que depende en buena medida el progreso económico, es una tarea especialmente importante en un momento en el que se percibe cierta paralización del crecimiento, y un cierto agotamiento del modelo de una innovación apoyada excesivamente en las promesas de las nuevas tecnologías.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s