Elogio de la edad

Si cabe con más claridad que en otras ocasiones, durante la campaña electoral que se está viviendo en España ha adquirido especial protagonismo la referencia a nuestros mayores. Las pensiones, la edad de jubilación o el tratamiento fiscal de sus rentas son temas centrales de debate, en una sociedad cada vez más envejecida y cuya pirámide poblacional proyecta un futuro económico inquietante. Hoy en España en torno al 18% de sus habitantes tiene más de 65 años, y la proyección es que en 2050 ese porcentaje pueda alcanzar el 30%. Además, somos uno de los países con mayor esperanza de vida del planeta. Está claro que los mayores son y van a seguir siendo un colectivo de votantes clave para el futuro político de cualquier país avanzado, y también para su devenir económico. Y a pesar de estas evidencias, a menudo los mayores han sido olvidados, apartados de la primera línea de la acción pública, empresarial, etc.

El Papa Francisco, atendiendo al olvido que a menudo sufren muchos ancianos, ha recordado que son el tesoro de la sociedad. Y así es, en el sentido más pleno de la palabra tesoro, como conjunto de valores dignos de estima. De hecho, cada vez hay más evidencias de que no se puede desaprovechar ese tesoro, que todavía tiene un gran poder transformador. Y no sólo por su peso político y social creciente, por su influencia en la vida de las familias, por su experiencia acumulada, etc., sino también por su capacidad para generar valor, también en el sentido económico del término.

En los últimos tiempos ha surgido un creciente número de investigaciones que se centran en el fenómeno de los “olderpreneurs”, el creciente número de personas mayores de 55 años –en su última etapa de la vida laboral, o ya jubiladas- que apuestan decididamente por el emprendimiento. En Gran Bretaña, por ejemplo, un estudio realizado el pasado mes de noviembre sobre la financiación de nuevos negocios desveló que casi 100.000 olderpreneurs han dedicado en torno a 400 millones de libras de sus fondos de pensiones para lanzar start-ups. Por su parte, en Estados Unidos, otro informe reciente sobre la vitalidad de los pequeños negocios demuestra que un tercio de ellos son lanzados por personas entre 45 y 55 años. Igualmente, existe ya bastante evidencia acumulada de la que las start-ups promovidas por emprendedores ya muy veteranos tienen índices de éxito superiores a las promovidas por jóvenes entre 20 y 34 años. Como señala Cheryl Conner en Forbes al referirse a una investigación de la Kauffman Foundation sobre el tema: “Our research on more than 500 startups in high-growth industries showed that the average founder of a successful company had launched his or her venture at the surprisingly high age of 40. The study also found that people over 55 are almost twice as likely to launch high-growth startups than those aged 20 to 34. The term “high growth” is key. One of the 2010′s two fastest-growing tech startups, according to Forbes, was First Solar, founded by a 68-year old”.

Rachel Bridge, en “The rise of olderpreneurs”, señala que la gente mayor cuenta con ventajas importantes respecto a los jóvenes a la hora de emprender: tienen más experiencia, habilidades y capacidades muy avanzadas, conocimientos y contactos valiosos, y mayor confianza y determinación a la hora de atravesar momentos malos para los negocios. Por supuesto, suelen tener más dinero para invertir, sobre todo si han dejado atrás una carrera profesional exitosa. Todo ello refuerza esa idea del emprendimiento maduro exitoso. Como destaca también Bridge al comentar el fenómeno en UK, “statistics shows that older entrepreneurs tend to be more successful than those starting out younger. According to a survey by Age UK, the charity for older people, more than 70% of businesses started by people in their fifties survive for at least five years whereas only 28% of those started by younger people last that long”.

Datos como estos relativizan algunos tópicos sobre el poder innovador y emprendedor de la juventud –que sin lugar a dudas tiene en sus manos el futuro-, así como el funcionamiento de nuestras economías. Gillian Tett, en el Financial Times, señala que los cambios en la geografía y la edad son los dos grandes cambios que se están produciendo en el tejido de innovación y emprendimiento estadounidense. Las start-ups y las grandes ideas de emprendimiento ya no se concentran sólo en zonas como Silicon Valley, ni surgen sólo de las mentes de veinteañeros al estilo Zuckerbeg.

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