Trabajo, ¿en casa o en la oficina?

Esta semana se ha celebrado en Estados Unidos la semana del trabajo desde casa (National Work From Home Week), que reconoce la importancia creciente de esta práctica. Según varios estudios recientes, el 50% de los trabajadores de aquel país tienen un trabajo que es compatible con actividades realizadas desde el hogar; entre el 20% y el 25% realizan algún tipo de teletrabajo; un 10% lo hacen con una frecuencia de un día a la semana, y un 6% desarrollan toda su actividad desde el hogar. Estas cifras representan un gran crecimiento respecto a las de hace cinco años, y todos los pronósticos apuntan a que seguirán creciendo. En una encuesta reciente realizada por GlobalWorkplaceAnalytics.com, entre el 80% y el 90% de los trabajadores desearían poder desempeñar su empleo al menos parcialmente en modalidad de teletrabajo.

No hay duda de que las nuevas tecnologías –y desarrollos como el cloud computing-, la tendencia a la flexibilización de las plantillas, la necesidad de compatibilizar la vida familiar y laboral, y otras tendencias que afectan a buen número de actividades –sobre todo sin son trabajos intelectuales o muy dependientes de las tecnologías de la información- contribuyen a la generalización de este fenómeno. Pero también hay otros factores que se deben tener en cuenta. Por un lado –aunque se necesita acumular más evidencias sobre el particular- parece que el trabajo desde el hogar puede mejorar la productividad. Una encuesta reciente de FlexJobs señala que el 50% de los trabajadores que realizan parte de su trabajo en casa afirman que es ese –no la oficina- el lugar donde son más productivos y donde se pueden concentrar mejor para proyectos importantes. Tienen lugar en el hogar menos interrupciones de colegas, menos distracciones, se soporta mejor el estrés y se disfruta de un clima de trabajo más confortable. Por otro lado, por ejemplo, muchas empresas están interesadas en reducir al máximo costes de locales y oficinas, y optan por utilizar espacios de trabajo compartidos, o en algunos casos, incluso desarrollar buena parte de su actividad en espacios de los clientes. En todo caso, como comenta Jon Card en “Flexible working is all the rage with pragrnatic entrepreneurs”, el trabajo flexible sólo es adoptado cuando tiene verdadero sentido para el negocio, tanto en términos de eficacia como de eficiencia.
Lo que quizá está menos estudiado –y habrá que ver cómo evoluciona con el tiempo- son otros efectos menos positivos del teletrabajo en las personas, y no tanto en su desempeño laboral como en su desempeño vital. Lucy Kellaway, en el Financial Times, se fija esta semana en algunos de esos efectos, tal y como los percibe en colegas que llevan trabajando bastante tiempo –en algunos casos una década- básicamente desde sus hogares. En “Spare yourself the loneliness of long-term home workers”, Kellaway habla de que percibe en ellos soledad, desilusión, apatía, y una cierta sensación de que su trabajo no tiene mucho sentido. Y su explicación de este fenómeno es interesante: trabajando en casa uno pierde todo el valor intangible que tiene hacerlo en la oficina, codeándose con colegas, motivándose y aprendiendo unos de otros, compartiendo el sentido colectivo de lo que hacen, etc. etc.
Kellaway cuenta cómo Marisa Mayer, máxima responsable de Yahoo, fue criticada hace un par de años cuando puso en marcha políticas para favorecer la vuelta a la oficina de parte del trabajo que se realizaba en las casas de sus empleados. Mayer quería favorecer la innovación, la colaboración, y otros procesos que sufrían por esa disgregación de los trabajadores. Según Kellaway, a esas razones de la presidenta de Yahoo habría que añadir algunas más: “to convince ourselves that what we do has some purpose, to make us feel human, to help us learn, to give us a feeling of work as distinct from home — and to facilitate the flow of gossip”.
Como cierre de sus reflexiones más bien críticas sobre este tema, la periodista del Financial Times señala –apoyándose en un estudio reciente de la Academy of Management Discoveries- que la pasión por el teletrabajo bien podría estar originada por un efecto moda o imitación (todo el mundo parece desear hacerlo), más que por las razones que convencionalmente se citan: ahorro de costes, productividad, conveniencia o conciliación de la vida familiar y profesional.

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