Reflexiones de septiembre

Tras las merecidas vacaciones de verano, llega el momento de volver al trabajo (al menos quienes tiene la suerte de tener uno). Más allá de la crisis postvacacional, y de la dureza de los primeros días de retorno a la actividad, septiembre es un buen momento para reflexionar sobre el propio trabajo, sobre el sentido de aquello que nos va a ocupar (y preocupar) casi al cien por cien, al menos profesionalmente, hasta que llegue el próximo período estival.
Emma de Vita, en el Financial Times, repasa algunos de los consejos que expertos en el mundo laboral y directivos dan para estos primeros días de vuelta al trabajo. Así por ejemplo, Zoe Cunningham, directora de Softwire Technology, señala que septiembre es un buen momento para experimentar con novedades en la forma de trabajar, gracias al sentido de perspectiva y la mayor receptividad que uno tiene tras el tiempo descanso. Por su parte, Chris Baréz-Brown, consultora de liderazgo y autora Free! Love Your Work, Love Your Life, cree que tiene sentido aprovechar el plus de energía ganado en verano para tratar de focalizar mejor los esfuerzos en el puesto de trabajo, e introducir mejoras en la forma de afrontarlo –haciendo más de aquello con lo que realmente uno disfruta, rompiendo malos hábitos, etc.-.
Pero más allá de los recetarios, septiembre es también un mes para pensar a fondo en el verdadero sentido de nuestro trabajo. Barry Schwartz, profesor de psicología en Swarthmore College, comenta en “Rethinking Work” que es hora de desterrar la idea del trabajo como una carga, como una maldición; una idea que hace que según encuestas de Gallup casi el 90% de los trabajadores en Estados Unidos se sientan “no implicados” o “activamente desimplicados” en sus trabajos. Schwartz, que precisamente el 1 de septiembre publica su último libro, Why We Work, explica el daño que ha hecho una interpretación simplista de la idea smithiana de que el hombre es naturalmente vago y trabaja sólo por dinero. Por el contrario, señala, el hombre no se mueve por dinero por naturaleza, y lo que hay que hacer es configurar el trabajo como algo que se desee aceptar con entusiasmo, no evitar en cualquier caso. Schwartz también tiene sus recetas:
“How can we do this? By giving employees more of a say in how they do their jobs. By making sure we offer them opportunities to learn and grow. And by encouraging them to suggest improvements to the work process and listening to what they say. But most important, we need to emphasize the ways in which an employee’s work makes other people’s lives at least a little bit better (and, of course, to make sure that it actually does make people’s lives a little bit better). The phone solicitor is enabling a deserving student to go to a great school. The hospital janitor is easing the pain and suffering of patients and their families. The fast-food worker is lifting some of the burden from a harried parent. Work that is adequately compensated is an important social good. But so is work that is worth doing. Half of our waking lives is a terrible thing to waste”.

Estas reflexiones, tan sugerentes para el mes de septiembre, enlazan a la perfección con ideas largamente tratadas en el Instituto Empresa y Humanismo, y que recientemente volvía a exponer, con renovada perspectiva, el profesor Miguel Alfonso Martínez-Echeverría en su artículo “El sentido Antropológico del trabajo” (Nuevas Tendencias, Nº 94, Julio 2015). Vale la pena reproducir como cierre de esta entrada su definición antropológica, y con un sentido donal –como explica en el artículo-, del trabajo:
“Desde un punto de vista antropológico –no desde luego en el sentido sociológico del término– el trabajo se podría definir como la tarea que todos y cada uno de nosotros tenemos que llevar adelante para descubrir el sentido y finalidad de nuestra propia vida. Esta intrínseca unidad entre trabajo y vida es una experiencia que se remonta a los primeros albores de la humanidad. No deja de ser significativo que uno de los libros más antiguos de la humanidad, escrito por Hesíodo setecientos años antes de Cristo, lleve por título Los trabajos y los días”.

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