Dinero, felicidad y Navidades

MoneyBuyHapinness
La satisfacción de los objetos y de las experiencias.

A menos de un mes de la Navidad, tiempo de felicidad y de disfrute, abundan las reflexiones sobre cómo algunos valores muy sencillos y humanos nos pueden ayudar a navegar mejor por esta época tan caracterizada, también, por el consumo. Es natural que en estas fechas mucha gente se vuelva a preguntar eso de: ¿puede comprar el dinero la felicidad…, aunque sea por unos días?

El Wall Street Journal nos recordaba esta semana (“Can Money Buy You Happiness?”) que el dinero y la riqueza no son garantía de felicidad, y que de hecho importa más el cómo se emplea que cuánto se tiene. Algunas de las ideas demostradas por investigaciones recientes sobre estos temas sirven para ilustrar esa realidad. Por ejemplo, es un hecho que dar, compartir lo que se tiene, hace a la gente mucho más feliz que guardárselo para uso exclusivo. Igualmente, a la hora de gastar en sí mismas, cada vez está más claro que las personas son más felices cuando dedican su dinero a experiencias (actividades, viajes, eventos, etc.) que a la adquisición de bienes materiales. Asimismo, es bueno recordar que cuando uno tiene pocos recursos, un pequeño aumento de ellos puede ayudar realmente a satisfacer necesidades básicas, lo que genera una gran mejora de la felicidad percibida, pero cuando esas necesidades están satisfechas, es mucho más difícil “comprar” felicidad adicional. Por último, la deuda –asociada a vivir por encima de las posibilidades- tiene un efecto negativo en esa percepción, mientras que el ahorro y la seguridad financiera la incrementan.

David DeSteno, profesor de psicología de Northeastern University, se acerca también a este tema en “How to Deafeat the Impulse Buy”. Según DeSteno, la impulsiva compra navideña no se puede moderar con el simple voluntarismo, ya que en general nos pueden los impulsos de gratificación inmediata; preferimos siempre los 20 dólares hoy a los 100 dentro de un año, aunque esta segunda opción sea sin duda la más ventajosa. Una forma de moderar esa impulsividad consumista, según sus estudios, es no pensar tanto en lo que se quiere, como en dar gracias por lo que se tiene: la gratitud como mejor camino hacia la paciencia y el autocontrol.

Dar y dar gracias: dos buenos principios económicos para disfrutar de una Navidad más feliz.

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