La crisis de identidad de la Economía

Al poco de estallar la crisis de 2008 no fueron pocos los economistas que entonaron un cierto mea culpa por la incapacidad de su disciplina para alertar de los problemas sistémicos de la economía. En 2009 Paul Krugman escribía en las páginas del New York Times “How Did Economists Get It So Woring?”, artículo en el que abogaba por repensar las bases de la ciencia económica y de las políticas económicas convencionales. Casi media década después, no parece que esa reflexión haya calado muy hondo. Hace unos meses, en las páginas del mismo diario, Krugman publicaba “Why Economics Failed”, donde seguía preguntándose por las razones de ese trágico “fallo” disciplinar.

Las voces que piden repensar la ciencia económica y abordar su crisis de identidad no cesan. El Financial Times publicacaba recientemente “Economics needs to reflect a post-crisis world”, un llamamiento a que la economía volviese a buscar sus bases en la realidad, en lugar de buscar leyes universales al margen del comportamiento humano. En el artículo se comentaba una nueva iniciativa de varias universidades, lideradas por la Universidad de Oxford, para renovar el curriculum de estudios económicos (el proyecto CORE). También autores conocidos como Jeff Madrick, director de Challenge: The Magazine of Economic Affairs, se han unido al coro de críticas. Su reciente libro “Seven Bad Ideas: How Mainstream Economists Have Damaged America and the World” es un buen ejemplo de ello.

Una de las razones más importantes de ese alejamiento de la ciencia económica de la “realidad” es seguramente su acelerado proceso de matematización teórica. Ese es precisamente el tema del último Cuaderno del Instituto Empresa y Humanismo, que bajo el título “Cuando las matemáticas suplantan a la economía” ha publicado el profesor Miguel Alfonso Martínez-Echeverría. En uno de los últimos párrafos del libro, se da en el clavo a la hora de pensar en dónde debe radicar la búsqueda de la nueva identidad de esta disciplina:

“En todas las matematizaciones de la economía, después de la acción todo permanece igual: ni el mundo, ni las riquezas, ni el conocimiento, ni los agentes quedan afectados por la acción. No hay memoria ni de aciertos ni de errores. Esto es así porque sólo bajo esa perspectiva tod individuo puede siempre maximizar su utilidad y mantener constante su interés. En ese marco, la libertad sólo puede entenderse como indiferencia de los individuos frente a opciones meramente pensadas, sin existencia real. Una extraña concepción de la libertad que sólo puede aumentar o disminuir en términos cuantitativos, según el número de opciones disponibles. Eso explica que la libertad y racionalidad solo sean posibles en equilibrio, cuando la información es la misma para todos y las posibilidades de opción han quedado definitivamente fijadas” (Miguel Alfonso Martínez-Echevarría, Cuando las matemáticas suplantan a la economía, Cuadernos de Empresa y Humanismo, 25, 2014, 97-98).

 

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